EN RECUERDO DE D. POLICARPO DELGADO, SACERDOTE

“Nos deja un importante legado en lo pastoral y lo social”

Sebastián Sarmiento, periodista 11.01.2016 | 17:21 
(En La Provincia. Diario de Las Palmas.)

"Mirad cómo lo amaba" (Jn 11,36)

En los días previos a su fallecimiento, fueron muchas las personas que se preocuparon por la salud del sacerdote lanzaroteño, Policarpo Delgado Perdomo, que se debatía entre la vida y la muerte en la UCI del Hospital Insular de Gran
Canaria tras el infarto sufrido cuando conducía su propio vehículo por la Avenida Marítima de la capital grancanaria. Desde la noche del día 6 de enero, Fiesta de la Epifanía del Señor, hasta la hora de su óbito, ayer en horas del mediodía, numerosas personas, no solo sus familiares, siguieron la evolución de su estado de salud, en una lucha intensa contra la muerte a la que se enfrentó con la fortaleza propia del campesino de su tierra conejera. Por el centro sanitario pasaron muchos hombres y mujeres que sintieron la huella de aquel hombre en sus vidas. Tan pronto se fue conociendo los efectos del infarto fueron también muchas las llamadas que recibían sus familiares, el Obispo y el el Vicario General procedentes del resto del archipiélago, de la Península e incluso del extranjero interesándose por su delicado estado de salud. Por ello, emulando la frase del evangelista Juan, cuando Jesús conoció la muerte de su amigo Lárazo, puede decirse en este caso de nuestro amigo Poli, sin exageración alguna cómo le querían todos...

Policarpo Delgado era un sacerdote destacado en la Diócesis de Canarias. Estrecho colaborador de D. Francisco Cases, titular de nuestra Iglesia de la Canarias oriental, fue un leal y activo miembro de la curia diocesana. Su experiencia y sabiduría fueron siempre tenidas en cuenta en los grandes proyectos que los tres últimos Obispos pusieron en marcha: Infantes Florido, Echarren Ystúriz y Cases Andreu. Con todos ellos trabajó codo con codo por el bien de las personas y por el bien común, a lo que dedicaba su valía personal y preparación eclesiástica. Su actividad pastoral, era titular de la Parroquia de Nuestra Señora de la Vega de San José, la compaginaba con múltiples responsabilidades en las que ponía en cada momento su saber y su experiencia: Delegado Episcopal del Apostolado Seglar, Director de la Escuela de Formación Socio Política y Fe Cristiana, miembro activo del Consejo Pastoral Diocesano y de la Comisión del Plan Pastoral Diocesano, entre otras actividades.

Por ello su personalidad y disponibilidad trascendían a la propia Diócesis de Canarias: seguía muy unido a Roma, donde se había licenciado en Teología, y donde se integró plenamente al Movimiento Focolar Internacional. Precisamente unos días después de su ingreso en el Hospital Insular tenía cerrado un viaje a la capital italiana a la que acudía periódicamente. A nivel nacional, Policarpo tenía un renombre en la Conferencia Episcopal Española en la que mantenía continuos contactos y reuniones con los responsables nacionales del Apostolado Seglar y Laicado.

Policarpo Delgado, en suma, en su aspecto de hombre bonachón, fue una persona dedicada a los demás de forma desinteresada, poniendo al servicio de la Iglesia local su profunda preparación intelectual y humana. Alguien ha dicho estos días que su persona llegaba a todos, y en todos dejaba huella. Con su alegría y su aspecto jovial, se ganaba el cariño de todos aquellos que le trataron, no solo de los que compartían con él su fe y visión de la vida, sino muchos otros que se encontraban lejos. Esas personas, sin importar su ideología, son las que estos días se han acercado al centro hospitalario o han llamado a los responsables de nuestra Diócesis para interesarse por él. "Habrá que estudiar el legado que Poli nos ha dejado. Necesitaremos tiempo para reunir su pensamiento y su visión del mundo", han señalado otros.

Un legado intelectual que puso de manifiesto de forma particular en una de sus actividades que le absorbían parte de su tiempo vital: La Escuela de Formación Socio Política y Fe Cristiana. A través de sus intervenciones, ponencias y reflexiones en la dilatada ya existencia de este Centro de formación podemos hacernos una idea de lo que pensaba de la misión de la Iglesia en el mundo actual, siempre fiel a los principios de la Doctrina Social de la Iglesia y de los documentos emanados del Concilio Vaticano II y del Sínodo Diocesano, del que fue asimismo activo miembro. Coordinaba la actividad de los Movimientos diocesanos exponiendo su pensamiento en relación con la responsabilidad y "mayoría de edad" de los laicos en la Iglesia y en la sociedad actual. Mostró constantemente su inquietud por la formación del laicado en nuestras islas, concretamente en la provincia de Las Palmas donde empezó a poner los cimientos para las Escuelas de Formación de los Laicos.

Fiel a sus raíces
Policarpo Delgado nunca renunció a sus raíces conejeras. Nació en el pueblecito de Yé, municipio de Haría un 19 de febrero 1949; precisamente dentro de un mes hubiera cumplido 67 años. Estudió en la Escuela Unitaria de Yé y su primer maestro fue D. Arcadio Morales, natural de Santidad en el municipio grancanario de Arucas, preceptor del que siempre tenía un cariñoso recuerdo. Posteriormente, a los 12 años se trasladó a la isla de Gran Canaria, para ingresar en el Seminario Diocesano de Canarias, primero en la Calle Doctor Chil, y luego en Tafira Baja. Para concluir sus estudios sacerdotales se trasladó a la ciudad de Granada. A los 24 años se ordenó de Diácono y como le faltaba un año para recibir las Órdenes Mayores se fue a estudiar a Roma. Un año después fue ordenado sacerdote por Monseñor Infantes Florido.

Su primer destino fue el municipio grancanario de Ingenio. Los siguientes fueron: Doctoral y el barrio capitalino de San Juan. Posteriormente realizó la licenciatura de Teología, en Roma. En la capital romana comenzó a tejer una serie de contactos con miembros de la Iglesia que le ampliarían su dimensión pastoral e intelectual. Volvió a Gran Canaria y años más tarde regresó de nuevo a Roma para hacer el Doctorado en Teología.

Durante estos últimos años ha desempeñado puestos de responsabilidad en la Diócesis, entre los que destacan Rector del Seminario Diocesano, Vicario de la ciudad, Director del Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias (ISTIC), Delegado del Secretariado de Apostolado Seglar, Director de la Escuela de Formación Social, y en los últimos años era titular de la Parroquia de Nuestra Señora de la Vega, en el barrio de San José de Las Palmas de Gran Canaria a la que dedicó por entero su vida, realizando una labor directa con sus feligreses,en particular con los más pobres.

Puede decirse que hasta el momento de su fallecimiento era uno de los sacerdotes con más influencia tanto pastoral como teológica en la sociedad que le rodeaba. Su preparación y profundidad intelectual le granjearon un prestigio tal que formó parte de la terna de sacerdotes canarios como posible sucesor del también fallecido D. Ramón Echarren Ystúriz.

Su legado pastoral y social
Como decimos, entre las actividades que cuidaba con mimo estuvo siempre la Escuela de Formación Socio Política y Fe Cristiana. Policarpo Delgado no se cansaba de insistir en la importancia de la formación del creyente, del laico, para dar público testimonio de su fe en cualquier situación. En sus reflexiones indicaba que, hoy, el creyente no puede ni debe mantenerse al margen de la sociedad en la que vive. "Es un imperativo de la fe comprometerse por el bien común de la comunidad", repetía. De ahí que la presencia en la vida pública de los cristianos no pueda reducirse a la política en sentido estricto.

Un hecho está claro: en el centro de la vida pública de cualquier persona, hoy, está la política. Y atendiendo a los documentos de los últimos Papas, (Juan Pablo II, Benedicto XVI y el propio Francisco), el católico no debe desentenderse de los asuntos de su comunidad más cercana, protagonizando un compromiso político determinado. Un compromiso con la sociedad que de acuerdo a Carlos García de Andoáin, en su libro "La pretensión pública de la Fe", podría resumirse en estas características básicas y que, en más de una ocasión, haría referencia el propio Policarpo en sus numerosas intervenciones en la Escuela:

1) Una presencia que sea culturalmente significativa, intentando unir, eso sí Evangelio y situación actual, con sus luces y sus sombras, con sus posibilidades y sus limitaciones y utilizando los lenguajes que hacen esta presencia comprensible y potencialmente eficaz.

2) Una presencia evangélicamente identificada: es decir, sin confesionalismos, pero eso sí, reconociendo de forma explícita las raíces y las fuentes de todas las personas que comparten compromisos públicos.

3) Una presencia transformadora y solidaria. Empeñada en construir una sociedad y un mundo más justo, más libre y pacífico.

4) Una presencia contagiosamente misionera: es decir, ofreciendo la vivencia profunda de una experiencia viva de Dios y que da sentido al compromiso.

Hoy ante la ausencia física de este incansable sacerdote lanzaroteño, queremos animar a cuantos le conocieron a que reflexionen sobre su obra y su aportación a la sociedad canaria en general. Un legado humano, teológico e intelectual que habrá que estudiar para que los que sean designados para tomar el relevo en el Secretariado de Apostolado Seglar o en la propia Escuela de Formación Socio Política sigan trabajando en pro de la sociedad canaria. Aún tenemos en la retina aquella conversación mantenida en el verano del 2007, tras nuestra jubilación en Radio Nacional, cuando nos invitó a participar en el proyecto de la  Escuela que empezaba a abrirse a la población isleña y que siempre había estado abierta a profesionales creyentes o no. Fue Policarpo quien nos animó a formar parte de aquel proyecto junto a José Suárez, Isabel Pérez y otros profesionales abriendo el centro a miembros de movimientos sociales, de sindicatos y de partidos políticos, invitando incluso a  alguno de ellos a participar en sus actividades y programación docente. La Escuela de Formación Socio Política, nacida tras la celebración del Sínodo Diocesano clausurado en 1992, ha dejado tres secciones importantes: Casa de la Iglesia, en López Botas, 8; Gáldar en el norte de Gran Canaria y Teguise, en Lanzarote. Faltó la sección en Fuerteventura en la que pensaba y en la que incluso llegó a comprometer a más de una persona.

Aprovechamos finalmente esta oportunidad para mostrar nuestra solidaridad por el fallecimiento de D. Policarpo Delgado a toda su familia, en especial a su madre Doña Enedina Perdomo Morales, a sus hermanos Manolo y Maruca Delgado Perdomo, así como cuñados y sobrinos a los que siempre estuvo muy unido en vida.


Amigo Poli, hoy con lágrimas te escribo a toda prisa estas líneas por ser lo que eras todos los días conmigo y con todos los que se acercaban a ti”.