Reflexión: El Papa y las diaconisas

José Luis Guerra de Armas.
Profesor Instituto Superior de Teología de la Diócesis.

"El Papa Francisco, entre otras cosas, se caracteriza por no rehuir las preguntas que le hacen en las distancias cortas. Ciertamente una respuesta espontánea y franca en el
transcurso de una audiencia papal no tiene la autoridad de un pronunciamiento magisterial, pero las palabras que ayer dirigió el papa a más de 800 superioras generales de congregaciones de vida apostólica, reunidas en el aula de Pablo VI en el  Vaticano,  prueban y testifican  que frente a los desafíos que la Iglesia afronta en este momento, a la hora de anunciar el Evangelio,  es importante que se mantenga un espacio donde se debata y se reflexione sobre la posibilidad del diaconado de la mujer. De ordinario este era un discurso habitual de los papas a las religiosas que concluía con un bendición. Y a casa.

Una vez más, al finalizar, el papa manifestó que estaba disponible para escuchar las preguntas que le quisieran hacer. Las preguntas que le hicieron fueron directas y claras sobre el papel de la mujer en la Iglesia. Y entre las preguntas, las religiosas han querido abrir de nuevo un tema, que se había dado por cerrado hacía tiempo.

De hecho, la Comisión Internacional Teológica discutió y estudió esta materia en el año 2003, cuando el cardenal J. Ratzinger era prefecto de la Congregación de la Doctrina de la fe. En ese encuentro no se llegó a una posición común y el documento final publicado, resumía así el trabajo realizado: “Toca al ministerio de discernimiento que el Señor ha establecido en su Iglesia pronunciarse con autoridad”.

El tema, por tanto, está abierto y Francisco  ha hablado de retomar la cuestión, volviendo a los estudios sobre las primitiva comunidades cristianas, donde ciertamente se habla de diaconisas.

Esto es todo, por el momento. San Pablo habla  expresamente de una diaconisa en  la Carta a los Romanos (16,1-2) y el Concilio de Calcedonia en el año 451 habla de las diaconisas, pero de forma poco clara. Sea lo que sea, ya existían de alguna forma en la Iglesia primitiva y los Santos Padres hasta San Juan Crisóstomo hablan de ellas. Por tanto, se trataría de la recuperación de un ministerio, no de crearlo de nuevo.
El problema surge cuando se intenta saber en qué consistía ese ministerio. Qué era una mujer diácono. En la Comisión teológica no se llegó nunca a aclarar, a pesar de las largas confrontaciones entre expertos. Se discutió, incluso, su existencia,  si aquellas mujeres fueron ordenadas o no, y si realmente su ministerio era igual al ejercido por los diáconos-hombres. Es decir si diáconos y diaconisas eran lo mismo.
El cardenal Kasper, teólogo alemán muy apreciado por Francisco, en una entrevista al diario La Stampa, ha dicho con motivo de esta información que ha recorrido  los medios: “Las posturas en la Comisión Teológica Internacional eran  bastante diversas en  2003. Pero, sin duda, se puede crear una nueva Comisión y  continuar la discusión partiendo de aquel texto. No será sencillo”, concluye el cardenal.

“El problema clásico consiste en que el diaconado es el primer grado del orden sacerdotal. Es un sacramento como el  presbiteral y el episcopal. Los que se oponen afirman que el sacerdocio es uno y a él se accede por grados…las mujeres no pueden acceder a un grado del sacerdocio. Se trata, por tanto, de superar la cuestión  ligada con  la ordenación sacerdotal.”  Kasper  sugiere a este respecto que, así como Benedicto XVI ha modificado un artículo del Derecho Canónico sobre las prerrogativas del diácono, (hombre), diferentes  a las del presbítero y obispo, también se podría distinguir entre ordenación de diácono y de diaconisa.

La diaconisa tendría las mismas competencias que el diácono: A diferencia del laico, el diácono puede predicar durante la misa. Y lo mismo vale a la hora de presidir el sacramento del matrimonio o los bautismos. Son  temas disciplinares que dependen de una decisión canónica, no sacramental.

De hecho, son muchas las mujeres que en la actualidad dirigen celebraciones de la Palabra, incluso presiden matrimonios en situaciones especiales y predican en muchas comunidades que carecen de presbíteros. Por supuesto: ¡Bienvenidas!


La mujer en la Iglesia debe ser valorada y su trabajo, ha dicho el papa en una charla distendida con los periodistas, mientras volvían en avión del viaje a Río de Janeiro,  no debe reducirse “a presidir el equipo de Caritas o a leer en la Misa… ¡Hay más! Una Iglesia sin mujeres sería como el colegio apostólico sin María”. Pero el reconocimiento de la mujer en la Iglesia no debe hacerse “clericalizando”  su rol en la Iglesia o como  resultado del feminismo,  sino como  un derecho que se reconoce y que, en boca de Francisco, es como el tango: se baila a dos, la mujer y la Iglesia".